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Esta mañana me ha tocado TDTdizar a mis padres. Que forma más absurda de volver locos a unos apacibles jubilados de 70 y tantos. Y total, para poder ver el culebrón de la tarde, el Telediario y algún que otro partido de fútbol. La TV que mis padres tenían en el salón era un autentico clásico. Era de finales de los 80, sin euroconector y para colmo, no tenía mando a distancia. Bueno, este inconveniente lo subsanaban con el mando del video VHS, que es para lo único que han usado dicho reproductor, además de un par de pases del video de la boda de mi hermana. La cuestión es que dicha pieza de museo funcionaba de maravilla y era ya como de la familia. En ella vimos El equipo A o El coche fantástico. Sobrevivió a Dallas, Dinastía y Falcon crest. Vio a Pedro Delgado subir las cuestas del Tourmalet y a la selección española ganado la Eurocopa en Viena. Fue testigo de la caída del muro de Berlín, de como se desmoronaba la URSS, de como Sadam invadía Kuwait, de como las trazadoras iluminaban la noche de Bagdad, de como se desmoronaban las TwinTowers y de como los tanques de la 101st Airborne Division cruzaban el puente sobre el Tigris.
Muerte a lo analógico. Viva lo digital. Más canales para disfrutar, más vanalidades para digerir. Menos cultura y más basura, pero eso sí, digital. Este mundo digital es totalmente ajeno a personas de edad avanzada. Es un medio hostil para miles de personas que ni siquiera saben leer un SMS y mucho menos usar un ordenador. Mi padre se ha tenido que gastar 600 euros en una TV que, en realidad ni quería ni necesitaba, con un menú que no entiende y con posibilidades de conexión que jamás aprovechará. Una víctima del consumismo digital. Menos mal que a mi madre le ha parecido bien. Le da un toque moderno al salón… ha sido su sentencia.

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