Esta madrugada ha fallecido mi suegro, después de una larga lucha contra la enfermedad que le tenía postrado en una cama de hospital desde la víspera de Nochebuena. Ya había padecido antes varios episodios de neumonía y dificultades respiratorias, herencia indeseada de su vida laboral como rebabador en una fundición de Betoño. El polvo acumulado en sus bronquios durante tantos años de trabajo le ha impedido que afrontase con garantías de éxito el tumor que se había instalado en su estómago. En condiciones normales, se podría haber extirpado, pero con su capacidad pulmonar al 2% la intervención era inviable.
Bueno, todo eso ya quedó atrás y Marcial ya no va a sufrir más. Ha muerto arropado por su familia, sintiéndose querido y espero que con la sensación de haber cumplido con su misión en esta vida. Estos últimos 18 días que ha pasado en Txagorritxu han sido duros. Se han convertido en las peores Navidades de nuestra vida. Pero Marcial pertenecía a una generación a la que nunca le han puesto las cosas fáciles y supo llevar la enfermedad con entereza y dignidad. Se preocupaba más de tranquilizarnos que de expresar su dolor, que sin duda era mayor de lo que él dejaba traslucir.
La vida sigue, esa es la mayor de las verdades. Ya nada podemos hacer por él, más que recordarlo en sus buenos momentos. Sin duda lo echarán de menos sus amigos en el poteo de Zaramaga, siempre con su txapela y una sonrisa, siempre pendiente de su mujer, sus hijos y nietos. Personalmente, lo voy a echar mucho de menos. Desde que entre a formar parte de su familia, la relación fue inmejorable y siempre me ha tratado como uno de los suyos, algo que le agradeceré siempre. Y ahora nos ha dejado un vacío imposible de llenar.
Goian Bego, Marcial. Descansa en paz…

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