Una de las cosas que me encantan de Twitter es su versatilidad, la posibilidad que nos ofrece de usarlo como queramos en función de nuestros intereses y necesidades. Esta herramienta permite a cada usuario definir su propia política sobre que compartir, de que hablar o a que usuarios y listas seguir. En definitiva, moldeamos Twitter a nuestra propia personalidad y esa es una de las razones de su éxito en todo el mundo.
Somos muchos los que entendemos Twitter como una conversación, una charla que se enriquece cada vez que compartimos un link, una imagen o un video o retuiteamos algo que nos ha interesado para que nuestros followers puedan también disfrutarlo. También es una conversación el uso de hashtags para seguir determinados eventos. Pero hay quien no percibe Twitter de esa manera y eso se refleja en su estrategia a la hora de seguir a otros usuarios.
Por la twittosfera pululan demasiados “gurús de andar por casa” que se creen esas absurdas teorías matemáticas basadas en el ratio following/followers y que presuntamente miden la influencia que tiene un usuario en Twitter. Son los que intentan que sus followers dupliquen siempre el número de personas a las que siguen y se consideran superexpertos en algún tema sobre el que han escrito unos cuantos post y han impartido cuatro conferencias. Estos usuarios tienden a seguir a personas de similar condición a la suya y desprecian abiertamente la práctica del followback.
Este tipo de prácticas se entienden a nivel de usuarios particulares, pero lo que ya es más difícil de entender es que se reproduzca la misma actitud en cuentas profesionales, empresariales y de promoción de marca. Estas cuentas, gestionadas en teoría por profesionales, desprecian abiertamente la posibilidad que nos ofrece el followback para generar adhesión y confianza de usuarios particulares. No seguir a alguien que ha comenzado a seguirte es decirle abiertamente: “no me interesa nada de lo que me vayas a contar, solo quiero que escuches lo que tengo que decirte yo, ya que eso si que tiene valor”. Como mucho, se dignan a responderte a un reply y no siempre.
Todos conocemos marcas que hacen esto. Hay ejemplos sangrantes, como la cuenta de @eitbcom, que en su bio proclama: “Twitter oficial de eitb.com. Te leemos y conversamos contigo. No followeamos”. Esta cuenta, a día de hoy, sigue solamente a 3 personas y la siguen 254. Lo mismo sucede con cuentas de equipos de fútbol (@realmadrid, @FCBarcelona_es) o con empresas de todo tipo como @IBERDROLAnews, @Sony o @nikestore, por poner solamente algunos ejemplos. Otro tanto sucede en cuentas de personajes famosos de todo tipo: @Buenafuente, @JuanLuisGuerra, @AlejandroSanz, @DiegoForlan7, @Cristiano, etc.
¿A qué tienen miedo?¿A que les envíen muchos DMs? ¿A que colapsen su timeline? Creo que este tipo de política les lleva a desaprovechar una oportunidad de conectar con clientes o fans. Seguir a alguien le da autoestima y hace que se sienta más identificado con nosotros o nuestra marca. Desde que existen las listas, seguir a muchos usuarios no entorpece la usabilidad de Twitter y mucho menos si usamos clientes como Hootsuite, Tweetdeck o Seesmic. Pulsar “follow” es gratis, no nos compromete a nada y, en caso de que el usuario acabe siendo un spammer o simplemente un pesado, solamente tenemos que dejar de seguirle o, ya en el peor de los casos, bloquearle. Creo que hay más que ganar de lo que podamos llegar a perder.

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