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Esta mañana se ha desarrollado en Miñano una Jornada sobre las nuevas tendencias en televisión y su interacción con la web social. Organizada por Tecnalia, la Jornada ha sido el marco elegido para la presentación de VTV, nuevo canal local de televisión vitoriano que hace una decidida apuesta por contenidos aportados por los espectadores desde los nuevos canales tecnológicos que nos ofrece la web 2.0 y las redes sociales.

Tras las interesantes charlas impartidas por Pedro Moreno, de Sincenet y de Javier Ábrego, que nos ha comentado su experiencia en Veo7 a través del programa Twision, Pablo Iturriaga nos ha contado cómo se ha ido gestando el proyecto VTV, su apuesta por alejarse de los contenidos tradicionales en la televisión local y su pretensión de convertirse más en un laboratorio de comunicación que en una cadena generalista al uso.

En el turno de preguntas se habló de la implicación real de los espectadores a través de herramientas innovadoras como Twitter y Facebook, del problema que suponen los trolls en espacios participativos, de contenidos clásicos e innovadores, de Google TV, etc.

Al finalizar la jornada, hemos disfrutado de la oportunidad de probar una de las apuestas de la TV del futuro: la televisión 3D, una experiencia impresionante con esta tecnología llamada a revolucionar la experiencia televisiva.

 

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Cada día que pasa oímos hablar más a menudo de lo que se ha dado en llamar Internet de los objetos. Millones de sensores implantados en millones de objetos intercambiaran y subirán a la nube miles de millones de datos. Nos prometen una nueva revolución, algo que difícilmente podemos siquiera imaginar hoy en día. Todo ese flujo de datos se va a acabar convirtiendo en el sistema nervioso central de la nuestra civilización.
Las posibilidades que abre esta tecnología son prácticamente ilimitadas. Solamente los sentimientos humanos son imposibles de monitorizar, pero de ahí hacia abajo, prácticamente todo es medible. Geolocalización, temperatura, movimiento, peso, altitud, velocidad y todos aquellos parámetros que se nos ocurran van a generar datos útiles que tendremos que aprender a utilizar correctamente.
En poco tiempo y desde nuestro dispositivo móvil vamos a poder interactuar con prácticamente todo nuestro entorno, tanto humano como inanimado. La interrelación de todos los datos que nosotros mismos aportamos al estar presentes en las redes sociales, al registrarnos en una tienda online o al encargar una pizza por Internet con los datos recogidos por millones de sensores por todo el mundo abren unas posibilidades enormes para las industrias tecnológicas y para los desarrolladores de sotfware.
Los ejemplos de lo que nos espera superan ya los sueños más locos de nuestros padres. Plantas que nos piden que las reguemos a través de Twitter. Coches que se comunicarán entre ellos y evitarán colisionar entre si. Tiendas que sabrán mejor que nosotros lo que queremos comprar. Cerraduras que abrirán puertas cuando nos acerquemos basándose en nuestros datos biométricos. Medicamentos que sabrán cuando los tomamos por última vez. Todas estas aplicaciones de la comunicación de sensores en red van a revolucionar también lo que hoy conocemos por segmentación en el marketing tradicional. Cada individuo sera un target único e irrepetible y las marcas van a poder dirigir su mensaje personalizado al 100% a cada uno de nosotros.
El reverso de la moneda es la pérdida de cada vez mayor de nuestro espacio privado. ¿Hasta donde podremos controlar nuestra propia privacidad? La magnitud de lo que se avecina nos hace pensar en Orwell o a mundos controlados por máquinas como Omnius o Skynet. Esa es la otra parte del reto: utilizar la información en beneficio de la ciudadanía sin perder en el proceso nuestra propia identidad, nuestro derecho a ser humanos volubles e impredecibles, a tener nuestras propias ideas y espacios donde difundirlas. Corremos el riesgo de convertir la tecnología en ideología, algo de lo ya nos advirtió Jürgen Habermas hace décadas. Por no hablar de la brecha digital entre distintas sociedades y estratos sociales, que sin duda se agudizará a medida de que se vaya implantando esta red neuronal de la sociedad integrada.

Foto: Things of the Internet of Things by centralasian (Flickr)

Las redes sociales han llegado para quedarse y cada vez están más presentes en nuestras vidas. También las empresas comienzan a ser conscientes de este fenómeno y se apresuran a encontrar su nicho en la conversación global. Una empresa no puede desdeñar alegremente la ocasión que ofrecen estas nuevas herramientas de la web social. Sería una locura que la imagen digital de una organización se deje en manos de los buscadores y sus complejos algoritmos. Somos nosotros mismos los que tenemos que construir nuestra reputación online y hoy en día contamos con las herramientas y los profesionales necesarios para conseguirlo.
Pero esa proyección de nuestra imagen hacia el exterior debería ser complementada con una eficaz política interna en relación a redes sociales. De vez en cuando leemos noticias acerca de empleados despedidos de sus empresas por sus actividades en redes sociales: por verter opiniones negativas o por compartir imágenes que afectan a la reputación de la organización en Facebook o Twitter. El problema es evidente: nuestra reputación queda dañada doblemente, primero por las críticas recibidas y después por despedir a un trabajador. Esto se podría haber evitado con una política clara sobre TI desde la organización.
Porque es evidente que nuestros empleados, o una parte de ellos, son o van a ser usuarios de redes sociales en los próximos años. Esto supone a la vez un peligro y una oportunidad. El peligro es que transmitan una imagen de nuestra empresa que no encaja con nuestra estrategia. La oportunidad es que nuestros empleados nos ayuden a consolidar nuestra marca. Por eso, algunas empresas ya están definiendo un código de conducta en relación a blogs y redes sociales.
¿Qué ventajas aporta a mi empresa implantar herramientas de la web social a nivel interno?

  1. Crear comunidad entre los miembros de la empresa, bien sea a través de un blog o de una red social propiamente dicha. Simplemente con facilitar una dirección de e-mail a cada uno de nuestros empleados, abrimos una vía de comunicación y de feedback que nos permite maximizar el potencial de nuestro capital humano.
  2. Sistematizar el uso de herramientas colaborativas en nuestra organización, herramientas que nos permiten ahorrar en desplazamientos y en tiempo invertido en reuniones presenciales. Además, muchas de estas herramientas permiten su integración con sistemas ERP previamente implementados.
  3. Integrar nuestra política en TI en nuestros sistemas de gestión (Calidad, Medio Ambiente, Prevención de Riesgos o Innovación). Nuestro blog y/o red social se convierte en una nueva herramienta a explotar en relación a la formación, información, consulta y participación de los trabajadores.

Indudablemente, cada empresa es diferente y sus necesidades no son las mismas, por lo que es muy importante identificar la estrategia correcta, elegir la plataforma adecuada y que se adapte a la estructura social de nuestra compañía.

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